"El peregrino de lo absoluto"

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José Agustín Muñiz, periodista que usa tal seudónimo de pura admiración que le tiene a la "Exégesis de lugares comunes", de Leon Bloy (se pronuncia "bluá")

16 junio, 2011

El baile de los que abundan III


En fin, compadre, para ir amarrando todo esto. Ya te di en el primer párrafo la idea importante: Tu generación todavía no ha hecho nada, salvo reclamar. Pero todo aquello contra lo que reclaman tiene una historia y un sentido. Tiene mucha sangre detrás. Muchos millones murieron y sufrieron harto por lo que ahora tú desprecias. Tienes sueños de un futuro espectacular y sientes que el modo en que está configurado el mundo no te permite lograrlo. Pues has cola, compadre. Porque antes que tú habemos millones de personas tratando de hacer de este espacio un lugar mejor, pero no tenemos el descaro de creer que porque llegamos recién tenemos más derecho a reclamar.

Si es por reclamar, ya te demostré que ni siquiera eres muy original. Si hay algo que se está devaluando rápido –junto con las acciones de La Polar- son las marchas de protesta en Santiago. Hacen nata. Los reclamos por la educación de calidad empezaron hace muchos años, lo que pasa es que no había Twitter, nada más.

Ya te dije que el reclamo por una educación de calidad y para todos empezó un ratito antes que tú llegaras nomas. Y mientras no hagas algo mejor que Jorge González en "El baile de los que sobran", no vas a haber logrado nada. Llegaste recién a un baile en el que abundan las personas que quieren mejorar este país; pero como eres recién llegado tengo el derecho y el deber de decirte que hay algo en lo que somos exactamente iguales: En nuestros sueños. Nuestros sueños nos hacen iguales y aunque no te guste –y eso parece ser el único criterio que tu generación use para decidir entre apedrear algo o encontrarlo “más bueno que la cresta”- es mi deber decirte que en el camino de construir cualquier sueño, siempre alguien queda afuera, siempre alguien sufre. Asegúrate de que lo que quieres destruir sea reemplazado por algo que haga sufrir a menos personas. Mira bien contra qué apuntas tu odio, porque la ignorancia te va a hacer caer. De la ignorancia se aprovechan los que te están manipulando.

Hubo dos tipos geniales en Inglaterra del siglo pasado. Dos tipos que estuvieron en desacuerdo en casi todo siempre. Se dedicaron por años a discutirse el uno al otro con una tenacidad que tu generación y la mía ya no conocen. Chesterton y Shaw se dijeron las cosas que hoy nadie se dice, primero, porque no hay mucha gente tan inteligente y, segundo, porque hoy casi nadie es capaz de admirar tanto a un adversario como para sostener una disputa feroz por tanto años.

George Bernard Shaw, dijo, respecto de la educación y la exclusión que provoca “El escolar que utiliza su Homero para tirárselo a su compañero, lo utiliza quizás de la manera más segura y razonable”. Y no se refería a Homero Simpson. No hay que hacer lo que Shaw dijo –socialismo-, hay que hacer lo que Shaw hizo: leer a Homero y a todos los clásicos. Conocer y estudiar aquello que criticó ácidamente toda su vida.

En el otro bando siempre estaba  Gilbert K. Chesterton, que si fuera un día a una asamblea de tus compañeros los haría reír a carcajadas y sin darte cuenta te pondría a escribir versos. Ante tu ira contra todo lo malo del mundo, Chesterton te felicitaría, porque se necesita de esa rabia para sacar fuerzas y cambiar lo malo; pero al mismo tiempo, te diría que no hagas nada hasta no estar seguro de que amas al mundo y a sus habitantes lo suficiente como para no acabar con ellos en tu sagrada cruzada. Hay que estar enamorado de este mundo y también del mundo imaginario que queremos construir; pero ese mundo tiene que tener personas adentro. No podemos deshacernos de ellas. Te van a hablar de revolución y evolución. Una acaba con los hombres y la otra avanza sin los hombres. Los que hablan de revolución y evolución no te necesitan, no cuentan contigo; ya sea porque te van a sacar del camino en algún momento o porque no estás contado en la mesa de los ganadores. Chesterton te hablaría de reforma: “La reforma, en cambio, es una metáfora de los hombres razonables y decididos; ella significa que algo nos parece estar mal conformado, que deseamos componerlo, y que sabemos de qué manera” (Ortodoxia, Ed. FCE, 1987: 207).

Eso. LB

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