Para algunos la primera catástrofe fue el cambio de gobierno, pero eso es harina de otro costal.
Tanta gente opinando que sólo quiero agregar algunos apuntes para hacer sentido entre tanto sinsentido.
- Seamos fríos. Hay un fenómeno cognitivo que se llama efecto accesibilidad, esto es, la capacidad de traer a la memoria algunos hechos y no otros solamente porque son más accesibles. Este año, por ejemplo, va a ser mucho más fácil para los chilenos hacer un recuento de catástrofes que en otros años aun cuando algunas de ellas--como los choques de buses, por ejemplo--siempre están ocurriendo. Ojo entonces, con los agoreros y generalizadores a destajo.
- Todo columnista y opinólogo siempre parece tener clarísimo el modo en que el mundo está ordenado--o desordenado--pero yo reconozco que hay cosas que no entiendo. ¿Cuál es el sentido de la proporción, de la armonía y el equilibrio que tiene el azar? O sea, no logro hacer sentido del hecho de que rescatar a 33 personas de la tierra sea una empresa para enorgullecerse y al ratito y de un ¡zuácate! 80 personas igualmente dignas a los ojos de Dios y la ley mueren carbonizados.
- No logro tampoco ponerme de acuerdo conmigo mismo. Sé que me debería dar vergüenza y que no debería dejarlo por escrito, pero debo reconocer que mi primera reacción al saber del incendio fue: "81 problemas menos". Y ahí me sale el predicador católico que llevo dentro. Me sorprendo en un rasgo muy chileno y que me revienta y me molesta saber que también lo padezco. Es que como buen chileno, me gusta saber que siempre se le puede echar la culpa al Estado para que se haga cargo de los muertos que tenemos en el clóset.
Un segundo paso, también muy chileno es buscar culpables y atribuir responsabilidades. Y quedarse en ese nivel es mediocre y a veces es criminal.
Me parece que hay un tercer nivel de lectura y es el más importante: Este año 2010 nos ha obligado a mirar lo que llamo "nuestros patios traseros", nuestros puntos ciegos, aquellas partes de nuestra casa que no están de acuerdo con esa imagen y autoconcepción que nos hemos construido a porrazos los últimos 200 años. Creo que un ejemplo a lo bestia lo explica mejor: Estoy convencido que los seres humanos somos tan estúpidos que tuvimos que tener a un Hitler para aprender que no hay que matar judíos.
Mutatis mutando, me parece que este año del bicentenario ha servido para que los chilenos miremos nuestros patios traseros y los invitemos a ellos también a la mesa de la fiesta. El alma de Chile--ese concepto tan guácala para los liberales--tiene algo de minero, algo de terremoto, algo de mapuche y rapanui, algo de delincuente, algo de discapacitado, algo de sacerdote. Y lo único que me permite hacer sentido y encontrar que algo ha mejorado este país este año es si el choque de buses sirve en serio para que manejemos mejor.
El tema de los mineros ha servido para que las condiciones laborales de mineros, choferes, gendarmes, periodistas, vendedores de farmacias, grandes tiendas, mejoren. Que los grandes del retail y los supermercados paguen sus facturas a 30 días, no a 240 o 365 días. Que hagan menos parafernalia al donar a la Teletón, pero que durante el resto del año estén beneficiando a cientos de pequeños productores. Que abran al público en los feriados si así lo quieran, pero que lo hagan con turnos bien pagados y respetuosos de los que decidan descansar.
No sé si andaré muy perdido, pero me parece que el dolor o es escuela o te mata. Más vale aprender las lecciones antes. Repito: quejarse de las catástrofes que nos han golpeado este año es puro autoindulgencia y sólo ayuda a aumentar ese chilenismo insoportable que consiste en echarle la culpa a otro y a encerrar los problemas en los patios traseros.
Eso. LB

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