"El peregrino de lo absoluto"

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José Agustín Muñiz, periodista que usa tal seudónimo de pura admiración que le tiene a la "Exégesis de lugares comunes", de Leon Bloy (se pronuncia "bluá")

06 octubre, 2010

Censuras y blasfemias o la risa del tonto

Me picaron los dedos todo el día por escribir esto, pero estuve desenchufado. Desde que vi el titular de portada de Las Últimas Noticias anunciando que el Consejo Nacional de TV multó a Chilevisión por las parodias a Jesucristo que se hicieron en el programa "El club de la comedia" le di vueltas a este asunto. Y escribo esto sin haber visto los videos, y creo que es mejor así. Me explico.

Lo he dicho antes, este tipo de temas me suele encontrar en la vereda opuesta. La gente con que comparto muchas creencias suele estar en contra de mis opiniones sobre libertad de expresión. Pero he de decir que varios de los argumentos que esgrimen los que critican la decisión del CNTV me parece incorrectos. No se necesita haber visto los videos para saber que el Consejo no censura ni prohíbe ver algo; actúa siempre ex post. Incluso me parece que a algunos les gustaría que hubiera censura a priori de modo que tuvieran más rabia justificada para atacar todo lo que parezca religioso o trascendente.

Digo que es mejor no haber visto los videos, porque puedo decir sin prejuicios que el conflictivo de la sátira no está en el contenido literal de la misma ni en la jerarquía simbólica de lo criticado; lo que hace escurridizo el análisis es el ánimo que hay detrás del que critica. ¿Fue con la intención de burlarse y hacer sentir mal a los creyentes o fue respetuoso de ellos? Porque, seamos serios: la religión es un tema muy, pero muy cómico. Y si hay algo que he aprendido en los últimos años es que Dios tiene un gran sentido del humor, que hay que aprender a no tomarse la vida tan en serio para vivir bien y -una vez más, citando a Chesterton-: Si el demonio es un ángel caído, cayó por la fuerza de gravedad, es decir, por no tener sentido del humor se puso grave y todos sabemos que la gravedad hace caer las cosas.

Un buen chiste hay que tomárselo con espíritu deportivo, incluso reconocer detrás de la buena sátira que el otro está señalando algo tuyo que quizás está mal y debes corregir; puedes aprender y mejorar gracias a ella. Pero qué ocurre cuando de la sátira se pasa a la falta de respeto y -más importante- quién es el que define ese límite. LUN pone ese límite en los autores de la sátira y se burla de Genaro Arriagada cuando explica por qué aprobó la multa a CHV. Eso no es jugar limpio. Hay que ver qué opinan los ofendidos para saber si hubo o no hubo agravio.

El problema es que eso sólo funciona entre personas, no cuando hay leyes y normas de por medio. Aquí es donde me separo de mi rebaño: Soy de los que cree que el peso de la ley es demasiado poderoso y causa más daño que el que evita o soluciona -si es que soluciona algo- cuando se multa a un programa de televisión por "atentar contra el principio democrático" (¡¿Qué cresta es eso, por favor?! ¿Las elecciones las van a ganar las minorías si nos reímos de Jesucristo?). Las críticas hirientes entre personas se conversan y se pueden llegar a acuerdos; pero cuando están los símbolos relevantes de una parte de la población en juego, la cosa es distinta:
  1. Hay que irse con cuidado, porque ofender un símbolo que es querido por un grupo de personas sólo habla mal del que ofende (y se arriesga a una sobrerreacción de parte del ofendido).
  2. La ley es un pésimo defensor de las honras mancilladas. Si había una ventaja que tenía el ideal de caballería es que al menos solucionaban sus problemas de honra cruzando aceros y ganaba el espadachín más hábil y el perdedor se iba con un palmo de acero en el pecho.
  3. Una persona adulta y con criterio no anda pisoteando símbolos ajenos sin una buena razón. ¿Su intención era hacer reír? Pues si no lo logra, no sólo es un maleducado, sino que un mal humorista. Se pueden hacer muchas bromas sobre Jesucristo sin ofender a su rebaño(*).
  4. Y el peor argumento que puede usar un liberal es decir "si no le gusta, cambie de canal" o "para eso está el control remoto". Ese no sólo es un liberal picante, sino que un argumentador falaz: una falta de respeto no es menos dolorosa si yo cambio de canal. Yo puedo burlarme de las costumbres sexuales a bajo precio de la madre del columnista de LUN y no deja de ser una falta de respeto porque él no lea este blog. Él se va a sentir ofendido igual porque usted lo está leyendo y porque cualquiera puede leerlo.
 Para otro post dejamos el análisis de si se justifica tener un organismo como el CNTV. Por ahora vámonos con un par de ideas extra: ¡Qué lindo sería un país con personas tan maduras y de buen sentido del humor que no fuera necesario recurrir a la multa ex post de una falta de respeto! ¡Y cuánto más sano y atractivo sería el cristianismo si aprendiera a reírse un poco más de sí mismo, a contagiar la alegría de saberse amados por Dios y tuviera la creatividad suficiente para hacer un programa de televisión humorístico lo suficientemente original que sirviera para demostrar la falsedad que se esconde detrás de las faltas de respeto que se le cuelgan a la Iglesia!

Eso. LB


(*) Podría apostar que todos los chistes que El club de la comedia hace de Jesucristo se pueden hacer mejor y sin faltar el respeto. Sin haber visto esos videos, insisto, se puede hacer reír con la misma idea de fondo, pero sofisticando un poco la ejecución para evitar pisar juanetes. Lo que en verdad ocurre, es que para hacer buena sátira hay que ser inteligente; y para reírse con una buena sátira, también. Y ese recurso sí que es escaso en la televisión.

Actualización (Oct. 11, 2010)
¿Yo dije que había que tener sentido del humor? A esto me refería

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